sábado, 16 de junio de 2012

HOMBRE SE GOLPEAN ENTRE SI

     Traen cargada la bodega, chamuyo en la azotea, sinuoso el andar entre paralelas que enmarcan baldosas y se juegan de puro machos a seguir invictos sin pisarlas. Vienen de idénticas camperas, una negra, la otra azul. Tienen el hombro derecho del mismo flanco, metido en la sisa derecha.  De caripela y sin aflojar se rozan los hombros. El roce arranca un botón de encendido en las neuronas. Tensan el bíceps. Estiran la articulación del codo. Puño apretado, lívido. Largan la trompada. Retira la mandíbula el de azul, emboca al hígado. El de negro se la encaja en el naso. Sangra. Le da al ojo, a las costillas, le aturde la zabiola. Patea los tobillos, el negro. Revés en el mentón, azul. Directo a las bolas. Vomita. Caen sobre paralelas que enmarcan baldosas. Pierden.  


                            Ecunhi Octubre 2011


                                          

PASEOS REALES

                       La Familia Real fue de paseo a la campiña. Varias carrozas partieron de palacio. En una la Reina con sus hijas mujeres. En otra el Rey con los hijos varones. Luego carruajes de vituallas y baúles, escolta y custodia de a caballo, paladines maestrantes y doncellas; al final la servidumbre, palafreneros y lacayos.
En el recodo de un río aposentaron sus elegancias.

Por los márgenes del hierbal se arrastra hacia el arroyo y lo remonta.

Acamparon para reposo de los adultos, retozar de los infantes y deleitarse con deliciosas meriendas. Entre los arbustos observaban extasiados los lugareños.
Silencio. Se durmieron. La fogata era ceniza. Colgaban en las cuatro esquinas de una litera pequeñas jaulas: pájaros de la realeza. 

Sigue arrastrándose sigilosa. Levanta la cabeza. Extiende la lengua. Escucha.
De las rejas penden minúsculas campanitas de oro. Suenan ligeras en la brisa de la noche.
Está bajo la jaula más cercana. Se estira y se cuela. Ni despliega sus alas el pájaro. Muere envenenado.
Salta a la litera, se desliza por el borde y trepa a otra jaula donde el pájaro casi despierto intenta arrinconarse. Pero no escapa.
Por la soga llega a la tercera. Se agita un aletazo. Nada más.
Y en la última como si el pájaro hubiera descubierto a la serpiente por el olor, arma tal alboroto, tal revuelo que despierta a la Familia Real.
Retrocede y se refugia otra vez en los márgenes hasta la próxima.  

El Príncipe Heredero no pudo volver a conciliar el sueño. Salió a caminar en camisa y calzón, las cintas al aire.
La niña en los arbustos se turbó de emoción; novelería, espejismo, ¡vaya quién a saber! quedó pasmada y se abandonó a los sentidos.
Entre las matas sin luz el Príncipe sintió la belleza de su cuerpo. La amó con gestos que no había hecho nunca. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.
Volvieron, madrugadores infieles sin futuro, a un olvido recién amanecido en la rutina  del alba.
El Príncipe Heredero heredó el Reino al morir su Progenitor. Se casó con su prima y  anexó comarcas.
A la niña la vendió su padre en el burdel. La madama sabía que compraba carne fresca duplicada cuando vio las redondeces.
El Príncipe Heredero tuvo Hijos Reales.
La niña parió una hija en el burdel.

En un verano de sequía se arrastra la serpiente hasta la fontana de la ciudad.

El Rey cansado del sinquehacer de Palacio cabalgó hacia la ciudad.
Reconoció la madama a su cliente y le ofreció la muchachita virgen que había quedado huérfana.
En el cuarto sin luz el Rey sintió la belleza de su cuerpo y conoció sus manos y su boca. La amó durante horas, dejándose enseñar una lentitud que no conocía. En la oscuridad era fácil amarla sin amarla a ella.
Poco antes del alba la muchacha se levantó, se puso el kimono blanco y se marchó.
El Rey no había visto nunca a esa muchacha ni verdaderamente la vio nunca.

Bebe la Serpiente en la Fontana. 


                        (Noviembre 2009. ECuNHi)
 

FUE UN INSTANTE APENAS

                             La casa donde nací relucía en su vejez. Mamá mandó embaldosar el jardín para que mi triciclo no arrastrara tierra a las habitaciones y determinó baldear el patio todos los días con jabón y lavandina. Conjuraba ácaros y bacterias.  Adentro dispuso que se limpiara desde temprano, con puertas y ventana abiertas, aún en  pleno invierno. En los recovecos de los zócalos no admitía pelusas. Prohibió hasta las chinelas al lado de la cama después de levantarse.
-¡Tampoco debajo! ¡Qué vergüenza si alguna visita se agacha a recoger algo o a atarse el cordón de los zapatos y las ve!
En el baño jamás un peine estuvo fuera del botiquín, ni una toalla descolgada del toallero.
-No apoyes la cartera sobre la mesa que viene de la calle. ¡Ese libro adentro de la biblioteca! El abrigo en el ropero y ¡bien cerrado! El paquete de comida ¡a la cocina! ¡Ya!
Mis padres murieron y pusimos en venta la casa. Hasta encontrar comprador vivió en ella un artista amigo. Me invitó a visitarlo. En la puerta me conmoví. Acongojada, lamenté haber ido. Casi me vuelvo.  Hice un esfuerzo y abrí con mis propias llaves.  Por todos lados, en los rincones, en las mesas, sillas y camas había ropa, libros, diarios y revistas, platos, cucharas, tenedores, cosas recicladas de la calle, plantas en macetas rebozando tierra, cepillos de dientes, galletitas, medias, calzoncillos, corpiños, tibieza. ¡Vida multiplicada al infinito!  Las paredes reían y gozaban, me abrazaron. Salimos al patio.  Anduve en triciclo por el jardín. Conversé con un escarabajo, atrapé un panadero y recogí un terrón compacto de barro que se desgranó sobre las baldosas.

                                    (Ecunhi. Julio 2011)

MANIPULACIONES

                                  El rey está de parranda, tropieza con un borracho que duerme en la calle,  ordena a su séquito que lo acuesten en sábanas de seda y adornen sus dedos y sus brazos inertes con anillos y pulseras.  Le preparan deliciosas comidas y un conjunto de criados de librea se dispone a servirlo al despertar. Palanganas de plata, reverencias, perfumes, suaves melodías, oropeles bailotean la resaca y en un sonoro bostezo se pregunta, si sueña o había soñado hasta el presente. Ve, oye, habla, respira, se pellizca ¡él es rey!  Mientras, el verdadero, se divierte a cuenta del pobre tonto.
Alborota la reina en el palacio, altera la armonía, arrastra hasta el soberano a la princesa que un desliz amoroso dejó embarazada. La comadrona resuelve que es tarde para sacar el pecado del vientre. Manda el rey encerrar a la preñada en una torre donde dará a luz un varón. Ya sin mácula, la envía a contraer matrimonio con un ignoto príncipe de un país lejano, a cambio de algún barco cargado de oro. Envejecerá la joven en un harem. Dispone el rey ocultar al recién nacido en un sótano oscuro, donde crece como animal encadenado, con una vaga conciencia de su culpa, por venir al mundo.
Anciano, el monarca enferma y teme morir. Se hace pasar por campesino. Se presenta ante el clérigo y de rodillas, jura ser trabajador honesto, ruega clemencia y pide perdón por si acaso, sin quererlo, aplastó algún mosquito con su bota.

                                              (Ecunhi Mayo 2011)

HOMOFOBIA

La escuela:
“Cari” le decían los compañeros de la escuela, abreviando marica al revés.
No jugaba a la pelota, lloraba y le tenía miedo a los petardos ¡era un bicho raro!
Un día se le ocurrió ir al colegio vestido de mujer con una pollera vieja que alguien había desechado y una hebilla en el pelo. ¡Los chicos se reían y festejaban!
La maestra lo obligó a sacarse la pollera, quedó en calzoncillos. ¡Estallaron las burlas y las bromas!  Lo forzó a sentarse en el frente y lo empezó a rapar con la tijera de manualidades. Cuando los primeros mechones ensangrentados cayeron al piso, las risas, las burlas y las bromas enmudecieron.
La directora lo amenazó con llamar a la policía por atentar contra la decencia pública.

El hermano: 
Lo seguía y buchoneaba.
Ellos se sentaban siempre en el mismo banco de la plaza y se iban tomados de la mano. Él los espiaba desde la esquina por odio, envidia, para ganarse el amor de la madre ó porque pretendía eliminar todo lo que le molestaba. Le daba vergüenza su hermano.
Había escuchado en la tele que los homosexuales son enfermos y que era conveniente encerrarlos. Él ahogaba a los gatos recién nacidos cuando nadie los quería. Estaba pensando en usar veneno para ratas como vio en una peli.

La madre: 
Lo abofeteó cuando la llamaron de la escuela porque su hijo había ido vestido de mujer. Le daba vergüenza no ser como las demás madres y las envidiaba.
Para convencerlo le repetía constantemente la misma cantinela que lo atormentaba.
-“Mirá lo que hacen los otros chicos y aprendé. ¿No ves que así sos un mal ejemplo para tu hermano?  Podés terminar en cualquier cosa, todos los delincuentes son homosexuales, drogadictos y comunistas.”
Ella salía con el guardia de seguridad del supermercado.

El: 
Sentado en el catre de la celda recuerda que de chico prefería el baño de nenas, había espejos para arreglarse.
-¿Por qué no hay espejos en los baños de varones?- le pregunta a su compañero.
-¿Sos marica vos?
-¡Aja!
-¡Puta lo que me tocó! ¿Activo?
-No te preocupes, no voy a violarte.
-¡Ah! ¿Te felpearon?
-En la escuela. La maestra  miraba para otro lado.
-La turra sabe que a vos te julepea la biaba de los machos.
-La brutalidad de los golpes me hacía sentir anormal y culpable.
-¿Y por qué te engayolaron?
-Maté a mi madre y a mi hermano.
-¡Carajo! ¡Vaya minita! ¿Por la guitarra?
- No me dejaban elegir a quién amar.

Yuyo
Después que se lo llevaron preso encontraron en su portadocumentos una hoja de cuaderno arrugada que decía:
                                               Crecí
                                                como un yuyo
                                                ahogado
                                                entre dos baldosas,
                                                cuando te conocí
                                                me liberé.

                                                                                   (Junio 2009 Ecunhi)

CHE, CAMBA

    

¡Che, Cambalache,
Vení que te cuento!

Salí a caminar solari,
por La Paternal salí,
mi rioba, el de siempre.
Rebusque de husmear y chusmear,
acamalar material, que le dicen.
A patacón por cuadra
soliloquiando aguijoneado,
me engualicharon con eso
de encrepar de prepo
rompiendo lo correcto, compañero.
Sabés que yo me prendo, Cambalache.
Reboté vecinas escritas
con pendejos antiguos
a pura gritería.
Por el altiyo carteles,
Loto, Kini, Quiniela,
Lotería Nacional en chamuyetas.
Por el sopi pizarras de miseria,
porca la davi del verdulero atrancado.
¡Suerte de remisero o  remisero  suerte!  
Bandeate cayetano, che Cambalache,
que ando cayorda
y quiero aposentarme
pa’ continuarte  esta historia que apunté.    
Lo de encararse diquero a la pebeta
no es dejar de estrolar el estofado.
¿Te anoticié que embroqué,
mas allá de la avenida,
gitanos cascados
y un carrito cartonero tentador,
en la voz de ese tanguero
gola ahogada de machado?
Así fue. Dopo, lo que te jedi, Cambalache.

Adoquines con protector uniformado,
por si un peludo de regalo se revira.
De taquito que hay tortas querendón,
y hay también hambrunas,
guai de postigos tras panzón.
Junátelos Camba, por si las moscas.
Algunos chabones vagonetas
de embragues patinados,
sin raíces descuajeringados,
atorran en macetas retorcidas.
La grela piola,
se arregla la pollera
en el cantero timorata,
gozándose a un rope colorido
que persigue a una paloma hecha pomada;
se trepan por cornisas rompepelotas,
se acollaran en baldosas florecidas
y voltean de un viandazo
pilas de cajones de frutas rotas.
Me se quedó palmada en la zabiola
la imagen del farolito y el bandoneón
no abrochan, son de antes, Cambalache.

                                                                (Febrero 2009)








jueves, 14 de junio de 2012

Cronos del recuerdo

son a son
pulso a pulso
aire en el aire
tu voz
silencio del gorrión
llama la gorriona
y alborotan el nido
son a son
pulso a pulso
tu voz

(Ecunhi Junio 2012)