miércoles, 20 de noviembre de 2013

MARAVILLOSO



Rodaba desde lo alto del cerro un tronco hueco. Al verlo, la enana, voló como un pájaro y se metió adentro.  Cierra los ojos y espera. El viento lo empuja hacia la cima y lo endereza.  Florece en primavera y en verano da frutos.

                                                   Ecunhi octubre 2013

PERSECUCIÓN


Corrió al parque y, bajo la vieja estatua al borde de la fuente, se escondió agachado. La espalda protegida, la mirada fija en el portón.  Volvió la voz en su cabeza. Para tapar ese taladro gritó  “¡Los mato a todos!” y disparó.
Llegaron tarde, estaba muerto.

                                                      Ecunhi octubre 2013

LIBELULAS


Se durmió el capitán y el barco encalla en las rocas. Escapan las mariposas como mujeres que se desplazan casi en bandadas. Desde el camino distinguen ventanales encendidos, se arremolinan.  Caen alegres al pozo de los cipreses desenraizados, y al sótano oscuro de telarañas, llegan cantando ¡tan femeninas!

Son almas desvencijadas. Alucinan con la belleza terca de sus opciones. Vibran, marchitas, la tecla deshabitada que las refrena, y el quejido largo de crines ralas, agudo, al aire. Representan gorjeos en movimiento, deliciosa violencia de los sentidos, hembras fantásticas.

El viento arrecia, el capitán despierta, no las encuentra. Naufraga el barco.

                                             Ecunhi Junio 2013 

ALBOROTO EN LA MALETA

                
En la séptima década elegir es un plomazo. Viene todo revuelto, objeto, escena, anécdota o lugar. Sale de la valija algún fantasma y espanta la noche.  Don Juan toma mate con Malena y un rockero musicaliza. Son personajes traviesos, de máscara y disfraz, cruzan épocas sin reloj, desenvueltos, atrevidos.
Hacedores de historias anduvimos las plazas y las ferias con la bolsa de las marionetas al hombro.  Ahora descansaba.
-¡Arriba! ¡Te convocan! ¡Qué nos vamos!- me gritan los muñecos y el taller amanece más alegre.
Camino con un grupo de jóvenes actores. Me dan, para llevar, el bulto más liviano, por respeto a mis hombros baqueteados.


                                            Ecunhi Abril 2013

EL LENGUAJE Y LA MIRADA

             

Olor a campo y a carnavales. Bajábamos bailando desde el monte, éramos cabras sueltas junto al abismo, tuve terror a crecer.
Al cabo de otros veinte años vuelvo en el ómnibus destartalado de siempre. Dos ojos negros me miran desde el pasado en equilibrio entre la bestia y los dioses. No cierra barreras la distancia, ensancha murmullos, mensajea sin conjugar a como caiga. Instala formas y presencias diferentes. Me protegen del desamor los dos ojos negros, captan lo oculto, tientan. Con voz ronca y texto de fácil borrar y subvertir, narran el paisaje íntimo sin metas, autorretrato del artista. El solazo da sobre la ventanilla y los asientos desvencijados odian los críos inquietos. El amarroteo del aire ensueña. Esos ojos negros hechiceros toleran despedidas, suavizan golpes.
¿Crecí? No sé ¿Le falta aterrizaje a la fantasía? De golpe frenada, carretea el ómnibus destartalado, llega a mi pueblo y confronta con el mundo.


                                              Ecunhi  Enero 2013

viernes, 21 de junio de 2013

LA DEMORA

                                

Brincan ágiles por laderas escarpadas, son cabras como aquellas de los cerros del terruño y el viejo, sentado en posición de loto en la pagoda japonesa, las mira y ve su propia vida sucederse de tropezón a salto mortal.
En la escuela del pueblo, la maestra, le había dado un planisferio, él se sintió habitante del mundo y guardó esa hoja como un pasaporte a las altas cumbres.
Después anduvo internándose por regiones y culturas diferentes, lo llevaron trabajo, amores, ganas de vagabundear. Recorría países arracimados en continentes. Cada tanto, en las estribaciones que el mapa amarronaba para indicar alturas, las cabras y él se descubrían antiguos conocidos y se deslizaban en polvaredas de tierra aquerenciada.
Ahora, en ese paisaje japonés, llegan lento a la cima en busca de paz y de alimento. El viejo, ya en su término, se despide de la vida como si se desprendiera. Las curvas del terreno y la vegetación lo envuelven, oye el silencio y al levantar la vista, en la copa de los árboles, unos ojos escondidos le ruegan que no se muera aún.  Son antiguos moradores de su planisferio, de la primer ciudad que conoció al principio de sus viajes.
Las cabras bajan al rastreo de pasto más tierno, él las sigue, al encuentro de los ojos que lo nombran.

                                                           Ecunhi Mayo 2013

EL REVES DE LA BARAJA

                

Es primavera en la comarca. Pasea la reina con su hijo pequeño, roza la mirada de un joven plebeyo. Bajo los arcos del palacio el guardián con galgos los observa. Vislumbra la sangre encabritarse floja de títulos y castas. Considera la paga y el crédito que se otorga al delator de algún desliz y ocupa su pensamiento el deseo de un puesto mejor remunerado. Mantiene a raya sus fieras.

Atraviesa el jardín, ávido, el guardián, acecha descuidos entre retozos y al hijo pequeño de la reina jugando cerca. Persigue, sin hacer crujir las asperezas del terreno.  Atisba desde el río y en un recodo encierra a los amantes, antes que la nieve de la pasión los aleje.  Despliega sus galgos para el asalto, les da la voz de alerta en un susurro.

El joven plebeyo esconde a su mujer detrás de un árbol, reluce el torso al aire, crece. El guardián ordena atacar, el joven silba largo y hondo. Las bestias dilatan el asalto, un estiletazo sonoro las penetra y reconocen el aliento. Viran y encaran al guardián, lo despedazan, jadeantes, satisfechas. 
El plebeyo alimenta a los perros del palacio, el viejo los hambreaba para la caza. 

                                              
                                        Ecunhi Mayo 2013